La isla del recuerdo

septiembre 13, 2009 at 1:23 am Deja un comentario

LA NACION                         DOMINGO,   13 de Septiembre de 2009

La isla del recuerdo

/ La Nación Por Angelina Leal V.

“Dawson, Isla 10” es considerada por Bitar y su alter ego en el filme, como un “granito de arena” al conocimiento de las nuevas generaciones. Ambos revisan la película en medio de las reliquias que adornan el despacho de Allende.

Un día antes del estreno al público de la película “Dawson, Isla 10”, el ministro Sergio Bitar y el actor Benjamín Vicuña se reúnen, en una escena de marcado simbolismo, en el mismo despacho que ocupó el Presidente Salvador Allende y que ha sido restaurado en el Palacio de La Moneda. Bajo un enorme cuadro que representa al fallecido Mandatario, ambos personajes se miran frente a frente, separados y a la vez unidos por la mezcla de realidad y la ficción que propone el filme de Miguel Littin.

En su primer encuentro, en las oficinas del Ministerio de Obras Públicas, lo primero que hace el ministro Bitar al ver a Vicuña es darle un gran abrazo y comentar que la cinta está siendo postulada para el Oscar y a los Premios Goya. En su camino deben esquivar los continuos saludos y palabras que los transeúntes les dirigen por calle Morandé, mientras pasan frente al monumento que se levanta frente a la Intendencia.

“Con esta película, yo me quedaría más que satisfecho si agrega un granito de arena, como creo que lo hizo el libro ‘Dawson, Isla 10’, a ese conocimiento de las nuevas generaciones. Pensemos que todos los chilenos que tienen hoy menos de 45 años, tenían a lo más diez años para el momento del golpe de Estado y todo esto en cierta forma es nuevo”, dice Bitar, quien viene llegando del Congreso en Valparaíso y sube las escaleras de palacio.

En tanto, su esposa María Eugenia Hirmas se ha integrado al grupo y aprovecha de describir algunas de las transformaciones realizadas al ala nororiente de La Moneda, que cobijó el despacho presidencial hasta el bombardeo sufrido por el edificio en 1973.

PELÍCULA PARA “NOSTÁLGICOS”

Vicuña representa en la película al entonces joven ministro de Minería de Allende, quien junto a los principales dirigentes de la Unidad Popular, como Clodomiro Almeyda, Orlando Letelier, José Tohá, Jaime Tohá, Osvaldo Puccio, Anselmo Sule y el médico personal del Presidente Allende, Arturo Jirón, permaneció en condiciones extremas entre 1973 y 1974 en la inhóspita isla situada en el Estrecho de Magallanes, a 100 kilómetros de Punta Arenas.

Mientras observa con curiosidad las reliquias y objetos que adornan la oficina de Allende, Vicuña dice que el verdadero valor de la película es contar lo que pasó, aunque sea doloroso.

“Es un película especial para nostálgicos. Por un lado, es un tributo para una generación que tenía utopías, que luchaba, que se equivocó y que fueron soñadores. Y por eso, las nuevas generaciones vamos a disfrutar viéndola y acercándonos a eso, porque nosotros somos huérfanos de utopías”, comenta el actor.

-Ministro, ¿cómo es la experiencia de vivir en un campo de concentración y recuperarse del frío, el hambre, los apremios, la agresividad, la hostilidad y el aislamiento?

-(B) Son procesos que te parten el alma, que te clavan el alma. Es lo mismo que si tienes un accidente, se te corta la cara o te cortas una parte del cuerpo. Eso queda a la vista de los demás. Esto otro no se ve, pero está en el alma. Son heridas iguales.

-¿Qué percepción tenía antes de conocer al ministro y cuál es la que tiene ahora?

-(V) Antes básicamente lo conocía poco, tenía la sensación de que era un político de tomo y lomo, con todo lo bueno y lo malo que significa eso. Y la película me sirvió para conocer en profundidad a la persona y me quedo con la mejor de las impresiones. Es un tipo que tiene un amor profundo por este país, que tiene una vocación de servicio público tremendamente desarrollada. Que los hechos y el destino lo empujaron a ser político, que de alguna manera es un emblema de alguien que sufrió hace 36 años situaciones realmente críticas, y que hoy a través del perdón, y a través de la superación del silencio, eso ya son características para admirarlo.

LA MUERTE DE ALLENDE

-En la película, el protagonista se pregunta varias veces qué hicimos mal, por qué llegamos a esto. ¿En qué momento se jodió Chile?

-(B) Es una pregunta recurrente. Es difícil, no hay momentos, son procesos, y hay una acumulación de un proceso histórico que no supimos resolver bien los chilenos, que era la herencia derivada de la Segunda Guerra Mundial, y la incapacidad de Chile de acelerar un proceso de reformas.

-(V) Yo no soy quién. Y menos cuando no lo viví directamente para dar una opinión.

-(B) Al término del gobierno de Alessandri, Frei Montalva puso las reformas en Chile y luego la aceleración de esas reformas lo representa Allende. Y si bien ambos tienen un elemento común con distinta celeridad, no logran aglutinar las fuerzas que representan los dos. Las fuerzas de cada uno pugnan entre sí, luchan entre sí y se dividen. Hay una tremenda disparidad, entre la magnitud del objetivo estratégico, que ambos planteaban, y la magnitud de la fuerza y el apoyo ciudadano capaz de lograrlo.

Ahí culmina el proceso de desajuste en que, una vez por todas, se enriela un proceso de cambios, pero ese proceso de cambios carece de la capacidad de sostenerse. Ese es el momento a mi juicio. A eso hay que sumarle un grado de radicalización ideológica que no guardaba ninguna relación con la realidad concreta, estimulado tanto por la guerra de Vietnam como por la revolución cubana.

-¿Qué le parece la idea que plantea Littin sobre la muerte de Allende?

-(V) Es responsabilidad de su autoría. Eso invita al debate histórico, es un tremendo valor y le da una riqueza al diálogo nacional. Eso me pasó después de ver la película con mi familia, discutimos justamente eso. Es infinitamente más interesante y atractivo que estar discutiendo el final de una teleserie. Si podemos instalar temas, independiente de lo político para revisarnos, y visitarnos nuestra historia, esa es la función más bonita que tiene el cine como espejo de nuestra sociedad.

-(B) (Arturo) Jirón fue testigo directo, porque cuando Jirón se devuelve y pasa por fuera de las oficinas de Allende, él ve este destello. Y ve cómo Allende se va para el lado y se abalanza sobre él. O sea no hay discusión. Y lo he hablado con Miguel Littin.

-(V) Para mí no deja de ser valiente lo que hizo Allende. Si bien el suicidio está vinculado con ser cobarde, para mí tiene un significado heroico.

-Bitar interrumpe: Lo considero mucho más que heroico, yo lo sabía, él me lo había dicho: “Yo de aquí sólo salgo al cementerio”. Y cuando esto ocurre, yo ya sabía lo que pasó.

-Cuando muere José Tohá y es comunicado en las barracas, esa escena de la película da la sensación que existieron fracturas dentro del gabinete del Presidente Allende. ¿Existían esas fracturas, existió esa división?

-(B) No. Jamás. Entiendo las licencias del director, que genera un ambiente diverso. Nunca existió una pelea, nunca existió una división, al contrario. Si algo debiera marcar más la película es, ahora con una mirada autocrítica, la tremenda hermandad, fraternidad y unidad de todos los que estuvimos ahí. Y cuando uno se debilitaba el otro lo apoyaba.

-(V) Es una escena que estaba escrita en el guión. Es súper normal que los camaradas de gobierno se cuestionaran, y se responsabilizaran de lo bueno y de lo malo.

-¿El soldado interpretado por Luis Dubó existió en la realidad?

-Todos los personajes que están en la película son una mezcla de ficción y de realidad. Éste existió y yo no lo describo así. Es el soldado que me sacó para ir al entierro de mi suegro. Y me traen en auto desde el centro de detención ubicado en Puchuncaví, me van a buscar y me dicen súbase, primero me llevaban amarrado, y después el tipo dice que me saquen las amarras, lo que no recuerdo muy bien si el era alumno mío o un familiar de él lo era. Yo tenía harto prestigio en la Universidad de Chile, hacía clases y era director del Departamento de Ciencias Físicas y Matemáticas por muchos años y no le calzaba la imagen que tenía, la relación que tenía en ese momento conmigo. Littin pesca momentos y sentidos, y los adecua temporal y físicamente en otro sitio.

Cae la noche sobre el palacio de gobierno. Un viento gélido hace recordar que aún es invierno. El saludo de la guardia de palacio quiebra el silencio del pasillo. Bitar y Vicuña se despiden frente a la salida que da a Alameda. LCD

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