Benjamín Vicuña, entrevista Revista Hombre

enero 3, 2009 at 1:34 am Deja un comentario

REVISTA HOMBRE

Agosto 2008

BENJAMIN VICUÑA


Es el tipo que se ganó a Pampita, y se tiene que bancar que millones de varones como nosotros la mire treparse al caño todas las noches. Pero también es el que además de ser actor, trabaja para los chicos carenciados.

– ¿Qué tienen las argentinas que no tengan las chilenas?
– Aparte del acento, para algunas cosas son más desinhibidas. No me gustan mucho las comparaciones. Hay tanto argentinas como chilenas que pueden ser intelectuales, putas, buenas o malas amantes, inteligentes. Creo más en las características de las personas que en las nacionalidades.
– Pero te quedaste con una argentina.
– Pero por casualidad o por causalidad (risas).
– ¿Siempre te gustaron las modelos y las actrices?
– (Piensa) Siempre me gustó la gente inteligente, buena compañera, que me quisieran. Mis novias actrices fueron porque tendía a enamorarme en el lugar de trabajo. Lo bueno es que siempre han sido relaciones muy largas de cuatro o cinco años. Tampoco fueron tantas.
– ¿Te haces cargo de tu fama de “pirata”?
Debe ser por mi tarjetero que tiene calaveras (risas). No, perro que ladra no muerde.
– ¿Te importa mucho la belleza física de la mujer?
– Te mentiría si te dijera que es lo último que veo. Creo también en el misterio o en una mirada inteligente o en un conjunto. Tuve la suerte que mi mujer sea preciosa y a la vez inteligente, gran persona y muy buena compañera.
– ¿Cuál es el atributo que te parece menos femenino?
– No me gusta la histeria.
– En “Mi Bella Dama” eras el tercero en discordia ¿Alguna vez fuiste el tercero?
No, jamás.
– ¿Ves que sos pirata?
– (Risas) Me caes muy bien.
– ¿Te vas a casar con Pampita?
– Mi familia está completamente armada. Mis padres son separados, se volvieron a casar -mi padre varias veces, un piratón como dirías tú (risas)-, pero me enseñó que uno tiene que conseguir la felicidad y luchar por el amor y que todos podemos y tenemos derecho a fracasar y que no hay que frustrarse por eso y poder reconstruir la familia y la vida.
– Venís de una familia tradicional. ¿Cómo tomaron tu decisión?
– Fue un desastre. Pero creo que todos en algún momento en la vida tenemos que arriesgarnos, cruzar el río. Como se dice en psiquiatría, “matar al padre”. De alguna forma fue mi manera de rebelarme ante lo que estaba instalado. Con el tiempo pude demostrar que era más que un capricho, que era una pasión.
– ¿Cómo viviste el momento del quiebre?
– Salí del colegio, decidí estudiar teatro y no conté con el apoyo de mi viejo. Tuve la suerte de quedar en un conservatorio en Chile, que era público y gratuito y me arriesgué. Dejé de hablar con mi papá durante varios años y me fui de mi casa.
– ¿Cómo te mantenías?
Mis padres son separados, conté con el auspicio maternal y empecé a trabajar animando cumpleaños y haciendo publicidad. Valoré las cosas desde otro lugar. Todo lo que genera sacrificio y esfuerzo creo que gusta más.
– ¿Después de cuantos años y cómo fue el reencuentro con tu padre?
– En el tercer año de escuela fue a ver mi primer montaje profesional al Teatro Nacional chileno, que es como el San Martín de acá. Gracias a un buen lobby de mi hermano, no fue un trabajo fácil, mi viejo es un hombre de mucho carácter. Pero también se fue dando cuenta que me la podía bancar y jugar solo, sumado a que él empezó a vibrar con mi éxito. Pasó de ser mi mayor enemigo a mi fan número uno.
– ¿Siempre supiste que querías actuar?
No, fue un proceso de descubrimiento. La vocación se fue develando con los años. Mi primer escenario fue a los ocho años en la tarima de la iglesia, era monaguillo. Mi primer encuentro con ese grado de exposición fue terrible porque sentí un pánico escénico espantoso, me tiritaba todo. Luego quise combatir esa timidez crónica y se empezó a develar este amor por el escenario, la expresión por la forma de comunicarme con el mundo.
-¿Ahora te gusta la exposición?
Es un lugar bastante maldito. De hecho es lo más contradictorio de mi oficio, porque yo me enamoré de esto justamente porque me gustaba mucho observar, era muy introvertido. La actuación tiene que ver mucho con eso, para luego construir un personaje. Y pasé de eso a ser observado, y a tener un grado de exposición en el que tu trabajo puede ser cuestionado, criticado y por la deformación de esto hasta tu vida puede ser también cuestionada. En estos años aprendí que lamentablemente es parte de esto y que tengo que saber jugar, coquetear y vivir con eso.
– ¿Cómo es llevar un vida nómade?
Lo mamé, mi vieja es muy viajera y esta casada con un señor extranjero. Y de alguna manera siempre tuve una inquietud por querer conocer distintas culturas, conocer gente.
– ¿Alguna vez te analizaste?
He tenido como “coitos interruptus” con la medicina. He comenzado pero nunca me he tratado bien con psicólogos. En Chile, ir al psicoanalista no es tan común como acá. Tengo prioridades con terapias alternativas: hice terapia de ángeles, con regresiones y gotitas de Bach. Fui a un psicólogo que era más bien farmacéutico y me recetaba unas cositas. Pero nunca he cumplido con la posibilidad de hacer una terapia como corresponde. Básicamente porque tengo unos tiempos que no me lo han permitido, pero me interesa y creo que me haría muy bien.
– ¿Tu opinión sobre las drogas?
Soy muy cuidadoso a la hora de opinar. No me gusta hablar en forma genérica porque hay drogas y drogas. Hay distintos casos, hay países y culturas diferentes. Si creo en la libertad y en que cada cual es responsable de lo que hace. Es complicado tener una visión paternalista sobre la gente. Tampoco soy político para saber qué necesita la sociedad.
– Si tuvieras que “apostar por un sueño”, ¿cuál sería?
Sueño más despierto que dormido. Soy un agradecido de la vida. Y quise tener hijos para poder compartir todo eso que me ha dado. Mi sueño tiene que ver con el compromiso que tenemos con los niños. Trabajo con ellos desde chico por mi vieja. En un sector de Chile donde hay muchos chicos de escasos recursos, ella festeja Navidades donde se arma un comedor abierto y se les regala cariño, afecto, también algo material. Ella tiene una vocación social muy potente que me la inculcó y la fui desarrollando. Esa vocación y la inquietud viene en mi ADN.

 
  PoR SILVINA ORFALI | FOTO: GENTILEZA REVISTA LUZ  

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