La resurrección de Pampita…

enero 22, 2007 at 1:27 am Deja un comentario

Por Luis Ventura.

Sin Mordaza
 

La resurrección de Pampita… 

 

 Cuando la veo caminar con su hija en brazos, feliz, orgullosa de su vida y de sus cosas, me invade una sensación quieta de placer. 
Una percepción muy personal, una observación fina de alguien que recuperó su identidad. Y, la verdad, lo disfruto. Como cuando saboreo un buen vino y aprieto la lengua contra el paladar para que ese pequeño gran momento se prolongue un poquito más. Mirá qué gozo tan chiquito, pero qué lindo. O como cuando inhalás la densidad de un buen puro y retenés el clásico aroma del tabaco en el pecho, aunque la recomendación médica te aconseje que es perjudicial para la salud. ¡Quién te quita lo bailado!
 
Bueno, con Pampita me pasa eso. He vuelto a disfrutarla pero desde otro lugar. Porque siento algo así como que después de un largo camino “ha vuelto a casa”. Esta es la pibita pampeana que llegó con su bolsito lleno de ilusiones a la gran ciudad y a conquistar el “fashion”, y de la noche a la mañana se metió en el corazón de la gente. Apenas con una  sonrisa ancha, un cuerpo esculpido en armonía y una actitud casi permanente de alegría generosa. Es la “Pampita” que nos devolvieron los chilenos después de su maremoto espiritual.
 
Exactamente después del purgatorio que le tocó sufrir, después de su guerra con los medios, detrás de sus batallas personales y una vez que aterrizó de todas sus rebeliones interiores, volvió… Cuando la veo aferrada a los pequeños movimientos de su hija Blanquita, cuando la observo abrazada a la figura del hombre que le cambió la historia y le hizo ver todo lo que se estaba perdiendo, me doy cuenta que volvió “Pampita”.

Aún cuando la gente la quería más, lo cierto es que en los medios Nicole Neumann le sacaba un hocico de ventaja. La rubia de rasgos teutones y actitudes más diplomáticas, jamás se desequilibró, ni en los momentos más complejos. No le ocurrió cuando la sorprendieron en Cabo Polonio haciendo el amor en la playa con Nacho Herrero, a la postre su marido, ni tampoco ahora que la dan por separada y con otro romance escondido con el futbolista de Vélez, el “Poroto” Cubero.
 
Nicole siempre la supo manejar, aún cuando la acusaron de ser fría y la revirtió. A pesar de la polémica que generó cuando declaró que quería adoptar un bebé de color, o cuando la señalaron como la autora intelectual de aquel apodo lacerante de “Muqui”, o cuando descreían que pudiera ponerse a tono con una revista de Moria y Artaza… Nicole siempre estuvo y supo poner la otra mejilla para no quedar descolocada.
 
“Pampita” no. Después de ese arranque avasallante en el que se devoró todos los medios, emergió una actitud soberbia, resentida, violenta, herida, de una mujer que estaba peleada con la vida. Quizás para que nadie excavara en un pasado con una  infancia sangrante, vapuleada de afectos… Quizás por la creencia que todo lo que le decían era cierto o también por la ilusión inconclusa de querer alcanzar el abolengo que llevaba el apellido de un novio cargado de aristocracia, pero vacío de alma. Entonces apareció el monstruo que se peleaba con todo el mundo.
 
La bestia desencajada y grotesca que corría desaforada por las calles para que no le tomaran una foto. La criatura salvaje que se incomodaba a cada rato cuando le ponían un micrófono o aparecía una cámara. La modelo top que pedía legiones de patovicas para que custodiaran sus desfiles. No fuese a ser que alguna la viera desde otro lugar. La hija que ocultaba a su dolida madre en su Santa Rosa natal, quizás por el pecado de ser pobre o quizás por el estigma social de mostrarla como la hija de una madre soltera. Por una o otra razón, “Pampita” no era “Pampita”.
 
Entonces, algún día, en algún momento, ella se dio cuenta que algo malo le estaba pasando. Su propio manager, Pancho Dotto se lo estaba diciendo, algo hacía mal. Le pagaban muy bien, su cachet estaba entre los mejores, pero también había marcas que dejaron de pedirla… “Trae muchos conflictos… Yo quiero modelos más tranquilas…”
 
La oportunidad de conducir “El Rayo” se le fue, su participación en el “Dominico” de Repetto fue más escandalosa que efectiva. Su intento artístico en “Doble vida” cosechó más críticas que glorias y así todo… Porque el producto “Pampita” era una verdadera cajita de resonancias. Todo se amplificaba negativamente y nadie podía sobrevivir a tantas pullas, a tantos ataques, a tantos cuestionamientos…
 
Y un día se fue. Aquella chiquita que como un meteorito supo irrumpir en el firmamento de la fama, se marchó. Quiso ser más chilena que “Pampita”, hasta se enamoró de un chileno, y quiso tener una hija chilena, y no quería volver a las presiones, y le dolía su tierra…
 
Pero lejos, muy lejos de sus cosas, ella encontró el amor. El mejor cicatrizante de heridas, el mejor remedio de enfermedades, la panacea más efectiva… Un sentimiento que se le nota desde la aparición de Benjamín Vicuña que la reencontró con su historia, que le permitió recuperar a su mamá, que le regresó aquellos recuerdos felices de su infancia, que los hubo pero que había que capturarlos para disfrutarlos como ellos se merecían… Surgió el hombre que la hizo mujer. Porque la hizo sentir plena, porque la hizo madre como Dios manda y también la hizo dar cuenta cuanto malos momentos gratis.
 
Por eso me siento a ver a esta “Pampita” desde otro lugar, y la disfruto saboreando un buen vinito y fumando un buen puro, porque qué lindo es ver alguien que uno quiso y sigue queriendo, aunque sea a la distancia, disfrutando de su vida. Y colorín, colorado…

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Pampita y Vicuña, reacciones encontradas VICUÑA Y “PAMPITA” VUELVEN DE PUNTA DEL ESTE.

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