Pablo Larraín, director de cine

julio 2, 2005 at 5:12 pm Deja un comentario

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EL PERIODISTA.CL

Pablo Larraín, director de cine  
Chile: una rapsodia macabra  

(Por Equipo El Periodista)Ferviente admirador del presidente Lagos y de sus políticas culturales, detractor de la Iglesia Católica y de la UDI, Larraín es un creador que se inspiró en su propia cazuela familiar y en un mochileo por el mundo para escribir Fuga, una película que se estrenará en octubre próximo donde desnuda la siquis y la societé chilensis que para él es la de una pequeña aldea absurda.  
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Conversar con el cineasta Pablo Larraín de 28 años, comunicador audiovisual de la Uniacc, hijo del presidente del Senado, Hernán Larraín, es como revivir las antiguas tertulias del siglo XIX de las rancias familias chilenas, donde siempre había un díscolo discípulo de las aventuras y del vivir del arte.

Larraín podría pasar inadvertido por su forma de vestir, pero su forma de hablar con cierta solemnidad devela su estilo en que critica ácidamente a la UDI y a la derecha. Más aún no trepida en llamar asesino y ladrón a Pinochet a quien considera ícono de la maldad junto a Paul Sheafer.

En esta entrevista, el realizador contó el porqué de su película, que la define como una mirada autocrítica a un país de doble standard y castrador de ideas, donde el poder de la Iglesia Católica sigue cual espada de Damocles sobre la cultura.

¿Cómo vas con los tiempos de La Fuga?

Fuga no más. No es un drama carcelario: es un drama musical. Equivocadamente algunos medios la han llamado “La Fuga”.

Junto a Fernando Valenzuela estamos editando y trabajando en el proceso de montaje, para dejar las 23 horas de material en cerca de dos horas.

¿Cómo surge la idea de Fuga? ¿Es una idea particular tuya o es un trabajo colectivo?

La idea original es mía; el guión lo trabajé dos años con Mateo Iribarren, que tiene mucho oficio y una imaginación muy potente. Al final se incorporó un tercer guionista: Hernán Rodríguez, primo mío, que nos ayudó a perfeccionarlo.

¿Cuándo comienzas a crearla? ¿Surge de una experiencia personal, familiar o es una volada tuya?

Partió hace unos cuatro años. La idea surge en el Teatro Municipal, viendo Madame Butterfly de Puccini.

Durante la función me di cuenta de un pequeño problema en el escenario, que pasó desapercibido pero que alcancé a captar. Tenía relación con el director (de orquesta) y así surgió la idea en torno a la figura de un músico y director.

Con Mateo creamos a este director de orquesta (Benjamín Vicuña) con un entorno sicológico más delirante, más extremo y demencial. Es un conflicto en torno a la creación y a las dificultades de la genialidad y cómo alguien se aproxima a eso.

¿No retrotrae un poco a lo que fue la vida de Mozart y otros maestros clásicos?

¿Te refieres a Mozart y Salieri? Sí, refleja un poco este conflicto universal, pero yo rescato la disputa en torno a la música, eso que tiene que ver con el deseo de lo ajeno.

En la historia del arte quienes han deseado el trabajo de otros son muchos. Apropiarse de la obra de otros y cagarla: ése es el tema.

Salieri no quería la obra de Mozart para presentarla como propia.

¿Cómo lo planteas en la película?

La película trata de un hombre que intenta rescatar una obra pero se descubre que no sólo quiere rescatarla sino que quiere apropiarse del ser. Ese es el núcleo fundamental, ésas son las motivaciones clave de los personajes.

¿Y el entorno?

En un país con poca tradición musical inmerso, en un tercer mundo más ignorante y muy lejano de la alta cultura.

Todo sucede en un nivel más subterráneo. Aquí no se habla de la 5° Sinfonía de Beethoven. La obra no es una gran obra: es una rapsodia macabra más pequeña, más mínima. Es un conflicto más pequeño, no tan grandilocuente y no corresponde a la humanidad; es de dos personas y desde ellas se transforma en algo más grande.

¿Este tercer mundo, y ese país al que haces mención es imaginario o es Chile?

Me parece imposible plantear cualquier trabajo dramático en lugares imaginarios. La idiosincrasia chilena está muy presente en la película. Aquí las cosas suceden en un Teatro Municipal, en un entorno muy aristocrático, que continúa en un siquiátrico público donde hay personas que representan distintos lados de nuestra sociedad, y finalmente entre pescadores de Valparaíso.

Es una película súper chilena. Muestra un conflicto que es absolutamente local, muy transversal y sin embargo, a pesar de lo local, también es universal; habla de tu aldea y del mundo. Está basado en ese parámetro.

¿Y qué Chile es el que tú describes en Fuga?

Habla del Chile de los últimos 10 años, de un país acomplejado que tiene una miseria moral muy grande y que es un país lleno de paradigmas y rollos. En Chile hay muchos músicos clásicos, hay como cinco orquestas, hay todo un mundo muy grande y demasiado especial…

¿Te refieres a lo especial que es el mundo del Municipal por ejemplo?

Claro, y no solamente del Municipal sino que también al Teatro de Universidad de Chile o al de la Sinfónica. Hay un montón de músicos que están dando vueltas y que tienen conflictos internos. Súmale a ellos la cantidad de compositores de música contemporánea, clásica, barroca; hay de todo; es un abanico muy grande y es ahí donde situamos el conflicto.

¿Es algo así como desnudar esta a pequeña hoguera de vanidades?

Exactamente, un conflicto de talentos.

En Chile y en el mundo un compositor que tiene 35 años y no ha compuesto una obra potente es un gallo que pasará al olvido.

Los músicos son como los matemáticos: sus primeras obras importantes las crean entre los 20 y los 30 años. Esta hoguera de las vanidades funciona muy potentemente en la juventud, es cosa de ver a Bono, a Ceratti, a Alvaro Enríquez. Sus obras más potentes las hicieron entre los 18 y 25 años.

LOS ELEGIDOS

 

Esta diversidad se refleja un poco en el elenco que elegiste para la película: María Izquierdo y Benjamín Vicuña que en cierto modo también se han transformado en íconos. ¿Cómo eliges este elenco?

Es una propuesta mía. Elegí a Benjamín Vicuña porque es un muy buen actor, porque tiene la edad del personaje, detalle no menor, y por algo muy interesante: esta película es una tragedia y es muy potente ver a alguien con esa pinta, con ese físico.

El encarna al director de orquesta que tiene todo el mundo por delante y que se construye una figura casi insuperable, y a ese tipo que está allá arriba lo derrumbas hasta el fondo.

Eso lo hace dramáticamente más potente. Al juntar la belleza con el talento y la prestancia, con un montón de otras cualidades físicas e intelectuales que se integran en la tragedia, es como el gigante que cae más fuerte, tiene que ver con eso. El es un gran actor.

Al resto de los personajes los elegí porque me parece que eran las personas más indicadas para hacer esos papeles y porque son actores, que en mi humilde opinión, tienen lo que yo llamo el tono del cine.

El caso de la María Izquierdo, de Willy Semler, de Alfredo Castro, del Tito Noguera… son actores muy reputados y que, para ser franco creo que fue un acierto aferrarse a ellos.

Los preferí porque podían colaborar, cooperar, y juntos hacer esta película. (Igual hay actores primerizos en cine como es el caso de Marcial Tagle y Héctor Morales). Como estoy empezando me pareció bueno apoyarme en gente que tuviese esa sabiduría.

¿Cómo surge esta pasión por hacer una película?

Cuando egresé de la Uniacc en 1998, me fui a recorrer el mundo, estuve ocho meses mochileando por Europa, Asia y en parte de Africa.

Este periplo fue para conocerme y conocer más el entorno. Estuve en 16 países. Y ahí uno se da cuenta realmente qué es Chile, quiénes somos, qué es el tercer mundo y el cuarto mundo, que también existe y es verdad. Yo creo que viajando se construye identidad y cuando uno está afuera es capaz de darse cuenta de quién es realmente uno, sobre todo en un país tan aislado donde nos cuesta mirar para afuera.

¿Esta crítica o reflexión que haces se refleja en la película?

Absolutamente. Esta hoguera de vanidades, este “pueblo chico infierno grande”, esta forma absurda de entender el arte también, esta forma casi insólita del querer trascender frente a tus pares inmediatos y no frente a todo el mundo… Por eso nos cuesta tanto exportar nuestro arte, sacar pa fuera nuestras pasiones.

En Chile, en la pintura y el teatro lo hemos hecho muy bien y son quizás las artes más desarrolladas. En el cine estamos saliendo de a poco. Caiozzi, Littin y Wood han logrado exportar películas. Pero en la medida que hagamos películas para nuestro panorama, y que no sean entendidas y disfrutadas y vistas afuera, vamos a seguir trabajando para esta aldea pequeña, absurda.

Al señalar que la cultura es extraña ¿piensas que el apagón cultural en el que vivió el país durante 17 años de régimen militar fue el responsable?

Me parece muy fuerte. Los principales crímenes de la dictadura fueron el de los derechos humanos y el apagón cultural; es muy triste.

A mí me da pena, mucha pena saber que hubo gente que no pudo decir lo que pensaba, saber que hubo gente que no pudo expresar su arte de muchas maneras. Eso me parece muy fuerte y muy violento.

Se habla mucho de la mala memoria de Chile. Y es cierto. Espero que no vuelva a pasar. Me parecería muy heavy vivir en un país en dictadura, donde unos milicos armados te dicen qué decir, cómo decirlo, y cuándo decirlo, y si tu discurso no cuadra con el de ellos no lo puedes decir… me parece atroz.

¿La democracia es lo tuyo entonces?

Así y todo, con la Concertación el país tiene un rollo que no logra superar; hay cosas que todavía no se pueden decir libremente en Chile; la iglesia sigue teniendo un poder demasiado potente.

El Fondart y el Ministerio de la Cultura tienen que liberarse más. Es un gran avance y es maravilloso que exista.El gobierno de Lagos en las políticas culturales ha dado clase de cómo hacerlo.

Si hablamos de libertad de pensamiento todavía hay cosas que cuesta decir. La censura es algo que no solamente se arrastra desde la dictadura, sino que también está inserta dentro de una tradición social, y hay que liberarse de ella.

¿No será que nos autocensuramos por si acaso?

Sí, tenemos un sistema de censura autoimpuesta, y que no cuesta nada sacársela de encima porque hoy día afortunadamente no tenemos a nadie que nos meta presos por decir algo. Es una censura intelectual; de quién dice esto, de quién puede decir esto otro. Por qué este niño (yo) que es hijo de la derecha no puede decir esto.

CAZUELA FAMILIAR

Tu visión de joven que creció en el régimen de Pinochet y de una familia de derecha tradicional…

Hay una cosa que se sabe poco y es que a mi familia habitualmente la tildan de derecha y no es así. Mi abuelo paterno, Hernán Larraín Ríos, es un decé fundador falangista, amigo de Patricio Aylwin. El padre de mi madre, Arturo Matte, fundador de la Ultima Hora, fue muy amigo de Allende y de Carlos Altamirano; era un comunista excelso.

Cuando se habla de mi familia, entiendo que mi papá es el más conocido y que es de la UDI y nos metan dentro de ese cajón lo entiendo, pero no es así. Mi familia tiene una tradición muchísimo más diversa políticamente y ¿qué es mi familia finalmente? Es una gran cazuela, eso lo puedo garantizar. Fuimos educados en un entorno de mucha libertad, donde todo el mundo decía lo que pensaba. Mis primos votaron por el No, otros por el Sí.

Lo que sucede es que para la mayoría de la gente hay un prototipo de familia UDI, donde todos son niños buenos, se portan bien y además son del Opus Dei.

¡Claro poh! Es cierto, hay un prototipo de familia, pero ese prototipo es parte del absurdo del que hablo; de este país huevón, prejuiciado, censurador, que encasilla& Mi papá es de la UDI y creo que en mi familia él es el único.

Con la educación que recibiste, ¿cómo encuadras a tu padre en un partido tan conservador y duro como es el de la UDI?

Mi papá no es considerado de la línea dura. Mi padre es un académico que lleva más de 30 años haciendo clases, y durante todo el régimen militar estuvo metido en la Universidad Católica como vicerrector, siempre trabajando y vinculado a la gente de la derecha, pero siempre en un mundo intelectual.

Estudió en el extranjero ciencias políticas, tuvo una formación mucho más abierta. Creo que su mirada es muy tolerante y claro, está en la UDI, que es un partido poco tolerante, por lo menos eso es lo que representa. Y mi papá es -creo yo- el más aperturista y abierto que hay en el partido.

Por lo mismo, ¿nunca le has criticado a tu padre que milite en la UDI?

Cuando tomé conciencia política y entré a la Universidad descubrí muchas cosas y en ese momento tomé mi opción. No le hago un juicio a él, porque es mi padre; pero sí hago un juicio al gobierno militar, a su sistema, a la manera de operar ciertas cosas desde una intelectualidad castrense. Eso es muy fuerte.

A propósito de intelectualidad castrense, por eso años circuló un libro llamado “Inteligencia Militar”. ¿Lo leíste?

No tenía idea de que existiera.

Fue una broma. El libro eran sólo las tapas impresas y en el interior había páginas en blanco reflejando esa “inteligencia militar”.

¡Qué buena! Yo tuve la suerte de que cuando empecé a trabajar el país ya estaba en democracia, el país estaba un poco más abierto en todo sentido.

¿Estás inscrito en los registros electorales?

Sí, voto en Yerbas Buenas. Nos inscribimos allá para apoyar a mi viejo.

Es una contradicción súper asumida, no me arrepiento para nada. Pero en el resto de los casos he anulado normalmente.

A propósito de ayudar a tu padre, ¿cómo ves el tema de Colonia Dignidad, organización que fue apoyada por tu padre?

Lo que te puedo decir es que hubo un gran número de personas que estuvieron vinculadas a Colonia Dignidad -creo yo- en un minuto, sin saber realmente lo que pasaba ahí. Pensándolo con buena fe.

Ahora, que haya caído Paul Shaefer es como atrapar el icono de la maldad.

A propósito de icono de la maldad ¿Cómo ves al general Pinochet?

Es que ese viejo es heavy. El general Pinochet tiene su trayectoria como asesino y la otra como ladrón, que es más nueva, y eso me parece más potente.

¿Te atreverías a hacer una película con este personaje?

Lo haría de todas maneras. Hay un libro de Pedro Lemebel que se llama “Tengo miedo torero” que me habría encantado filmar, pero le vendió los derechos a una producción italiana así que se nos fue de las manos. Lamento mucho que su obra haya terminado en manos italianas.

Finalmente, ¿cómo ves el arte?

Para mi el arte es una manera de sobrevivir y de aproximarse a la belleza. El amor es un eterno fracaso. En esta enorme oscuridad la luz que brilla es el del arte.

Al hablar de luz en las tinieblas, ¿cómo ves las presidenciales?

Para mí la Bachelet es un enigma. No sé qué quiere, no se sabe bien quién es. Me gustaría saber qué quiere hacer con este país, porque probablemente va a ser la presidenta de Chile. El caso de Lagos es distinto. El tiene un peso intelectual, ha hecho que Chile avance en el camino que yo creo correcto.

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